Machu Picchu

La ocupación colonial
Los testimonios escritos


El descubrimiento arqueológico


Investigaciones posteriores
De la desocupación al descubrimiento
El descubrimiento arqueológico
El forastero y el niño fueron entonces a pasear por entre la maleza... y resultó que las piedras pertenecían a viejos muros desplomados, que las casas antiguas eran las construcciones de una ciudadela incaica y que las chacras eran los campos agrícolas que en forma de terrazas habían construido los incas. El forastero y el niño retornaron muy excitados de su paseo.

Habían descubierto Machu Picchu.

No tiene caso discutir si antes de ese día otros conocieron o visitaron el sitio o no. La aventura de Bingham fue algo más que conocer o visitar unas ruinas, como lo hicieron los campesinos en sus faenas diarias o los hacendados del Cusco que allí tuvieron sus tierras. A partir del 24 de julio de




1911 se inició el estudio arqueológico del lugar y se dio a conocer un testimonio importante de la historia de la humanidad.

Poco tardó Bingham en retornar. La segunda vez fue acompañado de otras personas, de forasteros como él.

Hicieron una limpieza del bosque, cortando árboles y retirando maleza. Recorriendo con mucho cuidado el lugar, obtuvieron un plano de la ruinosa ciudadela con el apoyo de un ingeniero que hizo los primeros estudios topográficos. Esta visita les permitió descubrir casi todo lo que ahora conocemos, incluso un hermoso adoratorio en las espaldas del cerro Wayna Picchu.

En 1912 y en 1915 Bingham volvió con un equipo de expertos de distintas especialidades, aunque es preciso señalar que sin ningún arqueólogo, para hacer excavaciones intensivas dentro y fuera de los recintos. En esos tiempos la arqueología peruana y la norteamericana no habían aún despegado, pese a que en Europa ya existía una metodología respecto a los procedimientos para estudiar restos arqueológicos. En el Perú sólo Max Uhle había llevado a cabo exploraciones y algunos aficionados habían empezado a interesarse en el estudio de los restos de las antiguas civilizaciones americanas. De modo que, si bien las excavaciones las dirigió el ingeniero Ellwood C. Erdis, topógrafo encargado de la logística de la expedición, lo hizo con criterios que en ese mismo tiempo eran realmente avanzados frente a los de otros estudiosos o aficionados. Era una época en la que las excavaciones arqueológicas estaban orientadas a descubrir tumbas y palacios. Eso fue lo que hizo Erdis, quien, con el médico y osteólogo de la Universidad de Yale, el doctor George F. Eaton, y, desde luego, con Melquiades Richarte y Anacleto Álvarez, decubrió las tumbas de Machu Picchu.



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